Guayaquil no solo es una ciudad vibrante, hoy también es una de las más calurosas de la región. Durante la primera semana de abril de 2026, los termómetros han desafiado los límites habituales, alcanzando picos de hasta 35,9 °C en el norte de la urbe, con sensaciones térmicas que bordean los agobiantes 40 °C.
Como parte de la academia en los medios de comunicación, el M. Sc. Jonathan Cedeño, coordinador de la carrera de Oceanografía y docente investigador de la FIMCM - ESPOL, explica que este fenómeno tiene una raíz clara en la infraestructura: la Isla de Calor. Según Cedeño, en zonas con mayor presencia de concreto y asfalto y menor cobertura vegetal, el calor se intensifica. "Si tuviésemos más parques, el efecto de las temperaturas altas sería menor, porque los árboles y la sombra hacen que la sensación térmica baje", afirma el experto.
Análisis por sectores: El calor no es uniforme
Según los registros del Inamhi, la distribución de la temperatura en la ciudad es heterogénea:
Norte (Picos altos): La estación de la Facultad de Ciencias Naturales (Av. Juan Tanca Marengo) registró el valor más alto del año con 35,9 °C. Afecta a zonas como Alborada, Urdenor y Mapasingue.
Sur (Calor sostenido): La estación de Songa muestra temperaturas más estables pero elevadas, entre 33,9 °C y 34,6 °C, sin los descensos que experimentan otras zonas.
Centro-Norte: El Aeropuerto oscila entre 33,3 °C y 34,5 °C, con una ligera tendencia a la baja hacia el final de la semana.
Noroeste: Montebello presenta valores ligeramente más moderados (32,7 °C a 34,0 °C).
Puerto Hondo (El refugio): Con un promedio de 33,3 °C, es la zona más fresca gracias a su entorno natural y cercanía a la vegetación.
Esta temporada invernal atípica, con menos lluvias y mayor radiación, nos obliga a replantear el diseño de nuestras ciudades. Como señalan ciudadanos que trabajan a la intemperie, como Álvaro Luzón o Sara Molán, adaptarse con ropa holgada, hidratación y protección solar ya no es opcional, es una necesidad de supervivencia urbana.