¿Qué esperar del Fenómeno de El Niño? Análisis oceanográfico y de riesgos junto al M. Sc. Jonathan Cedeño

CEDEÑO

El Fenómeno de El Niño (ENOS) sigue siendo uno de los eventos climáticos más dinámicos y de mayor impacto en nuestra región. Para comprender su evolución, bases científicas y posibles consecuencias en el territorio ecuatoriano, dialogamos con el M. Sc. Jonathan Cedeño, docente y coordinador de la carrera de Oceanografía de la Facultad de Ingeniería Marítima y Ciencias del Mar (FIMCM) de la ESPOL.

El Rol de los Datos y el Monitoreo Científico

De acuerdo con el investigador, la precisión en los pronósticos depende de ventanas temporales clave. Las primeras fechas de corte de datos fundamentales se sitúan entre agosto y septiembre, periodo en el cual la estación seca alcanza su mayor expresión en el país. Una vez superado este lapso, la comunidad científica puede proyectar con mayor claridad la transición del evento hacia su etapa madura.

El monitoreo internacional es una pieza clave en este rompecabezas. El último informe de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) de los Estados Unidos ha indicado un incremento significativo en las probabilidades de que se desarrolle un evento de categoría FUERTE, pasando de un 33% inicial a un rango estimado de entre el 62% y 63%.

La Física Detrás de un "Invierno Fuerte"

Para el caso particular de Ecuador, la confirmación y el impacto real de El Niño están estrechamente vinculados al superávit de precipitaciones. Cedeño explica que este proceso requiere de un acoplamiento físico: la atmósfera debe reaccionar de manera directa ante un océano térmicamente caliente.

Este acoplamiento se evidencia a través de la disminución de la radiación de onda larga (OLR). Al reducirse esta radiación, se propicia una mayor acumulación de nubosidad convectiva sobre el territorio costero, lo cual desencadena precipitaciones intensas y continuas, configurando lo que coloquialmente la población define como un "invierno fuerte".

Perspectiva Histórica: Desmitificando la Terminología

El docente de la FIMCM enfatiza que cada evento de El Niño posee características e intensidades singulares. Realizando una retrospectiva histórica desde la década de 1970, los eventos categorizados bajo los rangos de moderado, fuerte y muy fuerte corresponden a los años: 1972, 1982, 1986, 1991, 1997, 2015 y 2023.

Dentro de este registro histórico, los eventos de 1982-1983 y 1997-1998 sobresalen como eventos extraordinarios, caracterizados por una alteración prolongada (durante múltiples meses) de las señales oceanográficas y atmosféricas. Los demás periodos registrados causaron temporales invernales rigurosos, pero sin alcanzar la misma escala de afectación global.

Asimismo, el M. Sc. Cedeño aclara un punto crucial sobre la comunicación científica: términos sensacionalistas como "Fenómeno del Niño Godzilla" o "Super Niño" no forman parte de la nomenclatura oficial empleada por los expertos internacionales. La escala técnica estandarizada se limita rigurosamente a calificar los eventos como: Moderado, Fuerte, Muy Fuerte y Extraordinario.

Lecciones del Pasado e Impacto Socioeconómico

Al analizar escenarios ante la posibilidad de un evento extraordinario similar a los de 1982 y 1997, la memoria histórica es el principal insumo de prevención. Aquellos periodos causaron pérdidas económicas estimadas en 2.000 millones de dólares y una afectación directa de aproximadamente el 17% del Producto Interno Bruto (PIB) de la época, además de registrar anomalías severas como el adelanto de la estación invernal al mes de noviembre y una contracción drástica en el sector pesquero durante 1982.

Respecto a la geografía insular, la región de Galápagos experimentaría un comportamiento análogo al de Ecuador continental, previéndose un superávit importante de precipitaciones que alteraría temporalmente la dinámica de sus ecosistemas terrestres y marinos.

Vulnerabilidad Territorial y Prevención Interinstitucional

La planificación ante el riesgo es un esfuerzo coordinado. Desde la academia, se destaca el trabajo de la Secretaría de Gestión de Riesgos (SGR), entidad que ha identificado provincias prioritarias que requieren un monitoreo y atención especial debido a su susceptibilidad geográfica: Guayas, Los Ríos, El Oro y Loja.

El caso de la provincia de Loja es particularmente singular; al encontrarse influenciada por los sistemas meteorológicos costeros del Pacífico ecuatoriano, es vulnerable a la dinámica de El Niño. Su accidentada topografía somete a las redes viales y sistemas de transporte a una presión constante, por lo que la SGR prioriza la observación activa de esta zona ante el riesgo de deslizamientos provocados por lluvias intensas.

Finalmente, el experto de la FIMCM recalca que incluso en eventos recientes como los de 2015 y 2023, las lluvias extremas no se presentaron de forma ininterrumpida mes a mes. Esto nos enseña que las anomalías iniciales deben ser tomadas como llamados a la preparación activa, obligando a las instituciones académicas y gubernamentales a sostener un análisis ininterrumpido de las variables atmosféricas y marinas para salvaguardar el bienestar del país.