La ciencia detrás de El Niño: Desmitificando el fenómeno, evaluando riesgos y recuperando la cultura de prevención con el Ph. D. Franklin Ormaza

OCEANOGRAFIA

El fenómeno de El Niño es uno de los eventos climáticos más discutidos en la opinión pública ecuatoriana, pero también uno de los que mayor rigurosidad científica demanda para su comprensión y mitigación. Con el objetivo de esclarecer sus verdaderas implicaciones, el Ph. D. Franklin Ormaza, reconocido oceanógrafo y docente investigador de la Facultad de Ingeniería Marítima y Ciencias del Mar (FIMCM) de la ESPOL, ofrece una radiografía profunda sobre el estado actual del océano, los mitos de su intensidad regional y los urgentes desafíos de resiliencia que enfrenta el país.

¿Qué está ocurriendo realmente en el océano?

Lejos de ser una distorsión térmica superficial, El Niño es un proceso sumamente complejo. El Ph. D. Ormaza explica que para la consolidación formal del evento se requiere que las variables oceanográficas superen los umbrales establecidos por al menos cinco meses, y las meteorológicas por tres meses.

Actualmente, aunque se registra un calentamiento sostenido en el mar ecuatoriano desde marzo que presenta un retraso de enfriamiento de unas seis semanas respecto al comportamiento histórico, el proceso principal se gesta en el Pacífico Central (Área 3.4), situada a unos 8.000 kilómetros de la costa sudamericana. Lo que llega a las costas del Ecuador (Área 1+2) es el impacto colateral o derivado de dicho evento. Según los modelos del investigador de la ESPOL, la intensidad del fenómeno en el Pacífico Central fluctuará entre moderada y fuerte, descartando escenarios extremos como un "súper evento" global.

El mito de la intensidad idéntica

Uno de los puntos clave analizados por el especialista de la FIMCM es que la intensidad en el Pacífico Central no se replica de forma lineal en el litoral ecuatoriano:

"Debemos aclarar que la intensidad del evento en el Pacífico Central no necesariamente se replica aquí. En nuestras costas el impacto puede ser más fuerte, menos fuerte, de igual intensidad o, inclusive, puede no ocurrir absolutamente nada."

La historia oceanográfica del país sustenta esta afirmación:

  • 1939-1942: Un evento catalogado como "humilde" o moderado en el Pacífico Central desencadenó en Ecuador las lluvias más intensas registradas en la historia, acumulando 8.500 mm en Guayaquil.
  • 1982-1983 / 1997-1998: Eventos de gran magnitud global provocaron lluvias de 4.000 mm y 5.000 mm respectivamente en Guayaquil, cifras menores al registro de 1939.
  • 2015-2016 / 2023-2024: Escenarios de "súper Niño" a nivel internacional resultaron en inviernos normales o con precipitaciones por debajo del promedio en la costa ecuatoriana.

La previsión definitiva de lo que ocurrirá en nuestras costas se consolidará entre septiembre, octubre o noviembre de este año.

El impacto polarizado: Inundaciones y sequías

Una de las mayores alertas del Ph. D. Ormaza reside en la naturaleza geográfica polarizada del fenómeno en el territorio nacional. Mientras que la región Costa y la ladera occidental de los Andes enfrentan el riesgo directo de lluvias intensas y proliferación de vectores de salud, la vertiente oriental andina y la Amazonía experimentan el escenario opuesto: una severa escasez de lluvias que deriva en sequías.

Este estiaje preocupa significativamente al sector académico por su impacto directo en las represas hidroeléctricas del país, previendo un escenario de reducción en el caudal de los ríos que alimentan las principales centrales generadoras hacia finales de año e inicios del siguiente período.

Rediseñar la prevención: Una tarea compartida

Para el investigador de la ESPOL, la vulnerabilidad nacional ante estas amenazas naturales responde de manera directa al crecimiento urbano desordenado, la deforestación y la falta de una cultura estructural de prevención.

"La intensidad del impacto no depende tanto del fenómeno, sino de cómo reaccionemos como sociedad civil e institucional."

Desde la academia se hace un llamado prioritario a reactivar el rol preventivo de los Gobiernos Autónomos Descentralizados (GAD), promoviendo que las municipalidades prioricen la inversión en obras de infraestructura y mitigación urbana antes de que se presenten las emergencias. Asimismo, Ormaza subraya la necesidad de que el sector empresarial, las universidades y las familias adopten presupuestos de reserva y planes de contingencia comunitarios prácticos —como la impermeabilización de viviendas y la limpieza comunitaria de drenajes—, recuperando la sabiduría tradicional y la resiliencia que históricamente caracterizó a las poblaciones vulnerables.

Una luz de esperanza en los ciclos del Pacífico

Dentro de la rigurosidad científica, existe un factor modulador alentador: la Oscilación Interdecadal del Pacífico (PDO). El Ph. D. Franklin Ormaza indica que este ciclo climático de gran escala se encuentra actualmente en su fase negativa. Históricamente, cuando la PDO es negativa, la severidad del impacto de El Niño en las costas de Ecuador tiende a ser considerablemente menor, como sucedió en los años 2015 y 2023. Aunque el margen de error científico siempre está presente, este indicador ofrece una valiosa perspectiva científica para la planificación de la mitigación de riesgos del país.

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Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) Asociados:

  • ODS 13: Acción por el Clima (Meta 13.1): Fortalecer la resiliencia y la capacidad de adaptación a los riesgos relacionados con el clima y los desastres naturales.
  • ODS 11: Ciudades y Comunidades Sostenibles (Meta 11.b): Promover planes y políticas integradas de gestión de riesgos de desastres y resiliencia urbana en los asentamientos humanos.
  • ODS 7: Energía Asequible y No Contaminante (Meta 7.2 / Enfoque de Seguridad Energética): Anticipar la vulnerabilidad de la matriz energética hidroeléctrica frente a los periodos severos de estiaje inducidos por teleconexiones climáticas.