El fenómeno de El Niño representa una de las interacciones océano-atmósfera de mayor escala en el planeta, con implicaciones directas en las condiciones climáticas, productivas y socioeconómicas del Ecuador. Con el objetivo de aportar con información técnica y científica rigurosa, el Ph. D. Franklin Ormaza, oceanógrafo, docente e investigador de la Facultad de Ingeniería Marítima y Ciencias del Mar (FIMCM) de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL), analizó el origen, evolución y posibles repercusiones de este evento en las costas ecuatorianas.
Origen y monitoreo en el Pacífico Ecuatorial
De acuerdo con el Ph. D. Ormaza, El Niño se manifiesta como un calentamiento anómalo en las aguas del Pacífico ecuatorial, condicionado por variaciones en los vientos alisios y en los patrones de circulación oceánica. Este comportamiento facilita el desplazamiento de considerables masas de agua cálida desde el Pacífico occidental hacia el centro y oriente de la cuenca oceánica, alterando las condiciones marinas regulares frente a Ecuador y Perú.
El monitoreo clave se concentra en la denominada región Niño 3.4, localizada a unos 8.000 kilómetros al oeste de las costas sudamericanas. Esta zona geográfica es el estándar internacional de observación debido a su estabilidad oceanográfica y meteorológica relativa, lo que permite registrar datos precisos y comparables sobre el comportamiento del sistema océano-atmósfera.
Proceso de maduración y calendario de afectaciones
A pesar del inicio del evento, el especialista señala que sus efectos térmicos e hidrológicos sobre el territorio continental empezarán a percibirse con mayor notoriedad hacia finales de octubre y durante noviembre.
Un factor atenuante identificado en los estudios oceanográficos es el tiempo que toma el fenómeno en alcanzar su madurez: un ciclo de aproximadamente 9 meses. En términos prácticos para Ecuador, esto acota el periodo potencial de lluvias intensas a un intervalo estimado de 120 días, a diferencia de eventos prolongados donde las precipitaciones críticas pueden extenderse entre 150 y 180 días, lo que derivaría en un impacto acumulado significativamente más severo.
Contexto oceanográfico: La Oscilación Decadal del Pacífico (PDO)
Un aspecto clave para dimensionar la magnitud del actual evento frente a registros históricos, como el evento extraordinario de 1997-1998, radica en la fase de la Oscilación Decadal del Pacífico (PDO, por sus siglas en inglés):
- Fase positiva (1997-1998): Durante aquel periodo, el PDO presentaba valores positivos, una fase cálida de fondo que tendía a potenciar y reforzar la intensidad de los eventos El Niño.
- Fase negativa (Actualidad): En el contexto actual, el PDO se mantiene en valores negativos. Esta fase fría de escala decadal actúa como un modulador atmosférico y térmico regional, lo que estadísticamente se traduce en un potencial de lluvias menor en comparación con escenarios de PDO positivo.
No obstante, el Ph. D. Ormaza enfatiza que esta condición moduladora no disminuye la necesidad de mantener un estado activo de alerta, preparación y prevención en todos los niveles territoriales.
Impactos potenciales en el territorio
El incremento de la temperatura superficial marina genera mayor evaporación, elevando la humedad en la atmósfera baja y favoreciendo la formación de nubosidad densa. Esto conduce a episodios de precipitaciones intensas en la región Litoral, cuyos efectos pueden derivar en:
- Desbordamiento de cuencas hidrográficas e inundaciones urbanas y rurales.
- Afectación en tramos viales estratégicos y viviendas localizadas en zonas bajas o inestables.
- Impacto en la producción agrícola y variaciones en la distribución de especies marinas y pesqueras.
Infraestructura y gestión del riesgo: Ejes prioritarios
El análisis técnico de la FIMCM subraya la vulnerabilidad estructural existente en diversas zonas del perfil costero y fluvial. Factores como los bajos índices de cobertura en el tratamiento de aguas servidas (que apenas alcanza un 5%), la proliferación de asentamientos en áreas expuestas de playa y el taponamiento o deficiente mantenimiento de los sistemas de alcantarillado incrementan el riesgo sanitario y operativo ante lluvias recurrentes.
Ante este panorama, la prevención efectiva debe contemplar:
- Limpieza técnica, desazolve y dragado continuo de canales, esteros y ríos.
- Mantenimiento y despeje riguroso de redes de drenaje pluvial y alcantarillado.
- Evaluación estructural preventiva de la red vial y de puentes vulnerables.
- Organización y capacitación de las comunidades asentadas en zonas susceptibles a deslizamientos e inundaciones.
- Monitoreo oceanográfico y meteorológico ininterrumpido.
Desde la Facultad de Ingeniería Marítima y Ciencias del Mar (FIMCM) de la ESPOL, ratificamos el compromiso de la academia con la generación de conocimiento técnico y el seguimiento continuo de las variables oceánicas para dotar al país de herramientas predictivas que fortalezcan la resiliencia comunitaria y la toma de decisiones informadas.
Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) Vinculados
- ODS 13: Acción por el clima – Meta 13.1: Fortalecer la resiliencia y la capacidad de adaptación a los riesgos relacionados con el clima y los desastres naturales mediante el monitoreo oceánico y la divulgación técnica oportuna.
- ODS 14: Vida submarina – Meta 14.2: Monitorear y comprender las alteraciones térmicas y oceanográficas en el Pacífico para prever impactos en los ecosistemas marinos y los recursos pesqueros.
- ODS 11: Ciudades y comunidades sostenibles – Meta 11.5: Reducir la vulnerabilidad de las zonas urbanas y costeras frente a inundaciones y desbordamientos mediante la gestión preventiva de la infraestructura y el drenaje.