El aumento de la temperatura del océano Pacífico debido a la llegada del fenómeno de El Niño ha comenzado a dejar consecuencias ecológicas cuya escala podría sentirse durante varios años en las costas ecuatorianas. Más allá de la mortandad puntual de aves registrada en diversos sectores costeros, la comunidad científica advierte sobre un impacto indirecto pero de mayor alcance: el fracaso o la suspensión de la reproducción en especies marinas debido a la escasez de alimento.
Especialistas e investigadores de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL) analizan cómo el calentamiento de las aguas altera la dinámica ecológica marina, desencadenando un efecto dominó sobre la fauna de la región.
Alteración de la dinámica oceanográfica y disponibilidad de nutrientes
El oceanógrafo y docente investigador de la ESPOL, Franklin Ormaza, explica que el incremento de la temperatura superficial reduce el ascenso de aguas frías cargadas de nutrientes, lo cual disminuye la productividad biológica del océano.
De acuerdo con el investigador, este cambio oceanográfico no implica la desaparición de la vida marina, pero sí empuja a diversas especies de peces a desplazarse hacia aguas más profundas. Este fenómeno dificulta el acceso al alimento a aves como los pelícanos y los piqueros, que dependen de presas ubicadas cerca de la superficie y que cazan lanzándose desde el aire. Aunque se observan ciertos indicadores de recuperación en sectores costeros —como la presencia de fitoplancton, ballenas y lobos marinos—, Ormaza señala que durante las semanas de mayor calentamiento se registró una reducción importante en la oferta alimentaria para las aves marinas. Como resultado de esta desnutrición, muchas aves reducen su capacidad reproductiva y quedan expuestas a enfermedades.
El "año perdido" y la respuesta adaptativa de las especies
Por su parte, el biólogo y docente de la ESPOL, Paolo Piedrahíta, expone que especies como los piqueros de patas azules poseen ciclos reproductivos lentos y alcanzan la madurez después de ocho o diez años. Esta condición hace que cada temporada reproductiva sea crucial para mantener la estabilidad de sus poblaciones.
Frente a la escasez de alimento, las aves adultas priorizan su propia supervivencia. En lugar de nidificar, poner huevos o alimentar a sus crías, suspenden temporalmente el proceso reproductivo. Piedrahíta destaca que en las islas Galápagos se ha observado previamente que las aves abandonan la reproducción en años de escasez y la retoman cuando las condiciones mejoran. Sin embargo, esta estrategia genera un "vacío demográfico", ya que durante toda una temporada casi no nacen nuevos individuos.
En los casos en que las aves intentan reproducirse, los padres deben recorrer mayores distancias para conseguir alimento, permaneciendo más tiempo fuera del nido. Esta ausencia prolongada reduce la alimentación de los polluelos y eleva el riesgo de mortalidad o abandono. Asimismo, la falta de nutrientes genera individuos con menor tamaño y masa corporal, debilitando sus sistemas ante amenazas como la gripe aviar.
Perspectiva a largo plazo
Los expertos de la ESPOL coinciden en que el impacto real de este episodio no se limita al número de aves fallecidas durante el evento climático, sino que se reflejará a futuro en la estructura poblacional debido a la reducción en los nacimientos dentro de las colonias reproductivas.
Alineación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)
- ODS 14: Vida Submarina
- Meta 14.2: Gestionar y proteger sosteniblemente los ecosistemas marinos y costeros para evitar efectos adversos importantes.
- ODS 13: Acción por el Clima
- Meta 13.1: Fortalecer la resiliencia y la capacidad de adaptación a los riesgos relacionados con el clima y los desastres naturales.
- ODS 15: Vida de Ecosistemas Terrestres / Biodiversidad
- Meta 15.5: Adoptar medidas urgentes para reducir la degradación de los hábitats naturales y frenar la pérdida de la diversidad biológica.