Entendiendo el Fenómeno de El Niño: Análisis Científico y Retos de Adaptación por el Dr. Franklin Ormaza

OCEANOGRAFIA

El Fenómeno de El Niño es uno de los eventos oceanográficos y atmosféricos más influyentes del planeta, y comprender su dinámica es fundamental para la toma de decisiones estratégicas. El Ph. D. Franklin Ormaza, destacado oceanógrafo, docente e investigador de la Facultad de Ingeniería Marítima y Ciencias del Mar (FIMCM) de la ESPOL, comparte una perspectiva científica rigurosa para desmitificar este evento y evaluar el panorama actual de preparación en el país.

La física detrás del fenómeno: Espacio y Tiempo

Contario a la creencia popular, el Dr. Ormaza explica que el Fenómeno de El Niño no se limita únicamente al aumento de la temperatura del agua superficial. Para su consolidación, es indispensable que se configuren adecuadamente las variables de espacio y tiempo de acuerdo a las condiciones del mar.

Científicamente, se requiere que los parámetros térmicos e hidráulicos se mantengan constantes durante un periodo mínimo de cinco meses en el área denominada "Niño 3.4", una región ubicada en el Pacífico Central, a aproximadamente 8.000 kilómetros de nuestras costas. El impacto que se percibe localmente en Ecuador es la respuesta a este proceso macro que ocurre a mitad del océano Pacífico.

Contexto histórico y variabilidad de las lluvias

El investigador recuerda que la intensidad de las precipitaciones en ciudades costeras como Guayaquil varía considerablemente según las características específicas de cada evento. Como referencia histórica, durante los periodos de 1997 y 1998, la región experimentó un "Súper Niño", registrando acumulaciones extraordinarias de lluvia que superaron los 5.000 milímetros.

Sin embargo, el Dr. Ormaza aclara que, aunque existan datos que apunten a un calentamiento actual de las aguas, esto no determina de forma automática la ocurrencia del Fenómeno de El Niño con la misma magnitud histórica. En el escenario contemporáneo, se observa un calentamiento del océano, pero no se ha registrado un enfriamiento posterior, lo que evidencia un retraso en la dinámica marina habitual en relación con el ciclo de lluvias de la temporada.

La dualidad climática: Sequía y el sector eléctrico

Uno de los puntos de mayor preocupación señalados por el docente de la FIMCM radica en las repercusiones asimétricas del clima en el territorio nacional. Mientras la atención suele centrarse en el exceso de lluvias en el litoral, las regiones de la Amazonía y los Andes enfrentan un panorama preocupante de déficit hídrico. Esta falta de lluvias incide directamente en los caudales que abastecen a las principales centrales hidroeléctricas del país, comprometiendo potencialmente la seguridad y generación energética nacional.

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Desafíos estructurales y la necesidad de una cultura de prevención

Desde una perspectiva de gestión de riesgos, el Dr. Ormaza enfatiza que el país requiere robustecer de manera urgente sus planes de contingencia y resiliencia estructural. Señala que factores antropogénicos y ambientales, como la deforestación sistemática en provincias costeras clave —entre ellas Manabí—, incrementan la vulnerabilidad del territorio frente a deslaves e inundaciones.

El investigador hace un llamado a la acción colectiva que involucre el compromiso activo de los gobiernos locales en la planificación urbana preventiva, la asignación eficiente de fondos de emergencia, y una transformación en la relación de la ciudadanía con los ecosistemas naturales. La mitigación del impacto de El Niño no solo depende del monitoreo oceanográfico, sino de la capacidad colectiva para proteger nuestro entorno natural y anticipar los escenarios de riesgo.
Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) Asociados:

  • ODS 13: Acción por el clima (Meta 13.1: Fortalecer la resiliencia y la capacidad de adaptación a los riesgos relacionados con el clima y los desastres naturales en todos los países).
  • ODS 14: Vida submarina (Meta 14.2: Gestionar y proteger sosteniblemente los ecosistemas marinos y costeros para evitar efectos nocivos importantes, incluso fortaleciendo su resiliencia).
  • ODS 15: Vida de ecosistemas terrestres (Meta 15.2: Promover la puesta en práctica de la gestión sostenible de todos los tipos de bosques, detener la deforestación y recuperar los bosques degradados).