La incertidumbre climática pone nuevamente a Ecuador en alerta. Ante los recientes reportes de la NOAA sobre la llegada de El Niño en el segundo semestre de 2026, la comunidad científica internacional debate sobre la intensidad de este fenómeno, llegando a bautizarlo como un "Súper El Niño". Sin embargo, desde la academia, el llamado es a la prudencia y, sobre todo, a la preparación estructural.
Como parte de la academia en medios de comunicación, el Ph.D. Franklin Ormaza, docente investigador de la FIMCM - ESPOL, dijo:
"La verdadera preocupación no es tanto la intensidad del fenómeno, sino la falta de preparación del país. Que la lluvia sea fuerte o suave ya no importa tanto como nuestra infraestructura y qué tan débiles estemos para recibir el impacto."
El Dr. Ormaza enfatiza que nos encontramos en una "barrera temporal" (entre abril y mayo) donde los modelos computacionales suelen ser menos precisos. Aunque algunos modelos sugieren un evento extremo, las revisiones actuales de la ESPOL proyectan, por ahora, una intensidad entre débil y moderada.
Riesgos más allá de las lluvias El aporte de la ESPOL como vocería científica técnica subraya que El Niño no solo trae inundaciones. Un escenario crítico sería la falta de lluvias en la Amazonía debido a la teleconexión Pacífico-Atlántico, lo que agravaría el estiaje, reduciría el caudal en las represas y afectaría directamente el suministro eléctrico nacional.
La clave no está solo en mirar el Pacífico central, sino en monitorear de cerca las anomalías térmicas frente a las costas ecuatorianas. La ciencia nos da una ventana de tiempo; la infraestructura determinará nuestra resiliencia.